BIOGRAFÍA

Soy Astrid Acevedo, cantautora colombiana nacida en Sopetrán, Antioquia, y radicada en la ciudad de Medellín. Desde hace más de 15 años he incursionado en el mundo de hacer canciones, y he consolidado una propuesta grupal con mi propio nombre por medio un formato que acompaña de manera novedosa mi apuesta musical.

El canto es una conquista de mi adultez. En mi niñez tuve mucha actividad con el cuerpo y la mente. Me apasionaba el deporte, la danza y las matemáticas.

Con el ingreso a la universidad me sentía atraída por músicas diferentes a las que oía en mi pueblo natal. Sentía una emoción en el pecho cada vez que ciertos cantos, ciertas canciones y ciertos artistas lograban conmoverme. Esto me acercó más a la música y fue así como empecé a tomar clases de guitarra y tras ello, a hacer canciones, las cuales se asomaban como el agua contenida que busca por donde escapar.

Me sorprendieron muchas veces las canciones que hacía, porque no sabía qué fuerza motivaba su aparición, más sentía una profunda necesidad de hacerlo y al tiempo un miedo terrible que me impedía cantar ante los otros. No entendía lo que sucedía cada vez que cantaba mis canciones y sin proponérmelo lograba conmover a quienes me acompañaban. Tuve miedo y quise entender qué pasaba conmigo cuando cantaba.

Con el tiempo comprendí que cantar era la posibilidad de expresión de mi ser femenino, primigenio, sagrado, ancestral. El mismo que había sido despreciado, maltratado y subvalorado por la cultura que causó y causa tanto miedo y dolor en las mujeres.

Con el canto fui comprendiendo que cantar era un acto de liberación, de reconciliación conmigo y con el femenino de todos los tiempos.

Ahora canto esta suerte de vivir, de despertar cada mañana en el milagro de la vida, esta vida que también es un morir constante, frágil, fugaz. Instante eterno para nombrarlo y cantarlo.

Cantar para sanar. Al crecer dejamos pedazos de piel, cantar limpia las heridas, calma el dolor, libera cuanto aflige, nos permite el disfrute de lo bello. No es un privilegio. Cantar nos humaniza.

Canto por amor y al amor. Al amor que me embriaga, al amor que sana; ese sentimiento que me impulsa al conocimiento de mí misma, al amor apasionado, fogoso, solidario. Al amor respetuoso, intrépido y arriesgado. Al amor eterno, al amor fugaz, al amor a primera vista, al amor maternal, al amor por la tierra y el amor por una misma.

Las canciones son cántaro, fuente de vida, agua dulce para la sed. Uno no es más ni menos porque hace una canción, a pesar de que después de ellas nunca se es igual.

Es necesario hacer la pausa en este mundo agitado para que lleguen las canciones. A veces se logra ser para ellas. Hay una suerte de musicalidad en las imágenes y los sentimientos que me acompañan para hacer una canción, no dejo de sentirme privilegiada por ello y por la fuerza de mi voz.

Canto y seguiré cantando para no ser una mujer triste, para hacer de mi canto palabra dulce.